Casino: el crimen organizado de Martin Scorsese

 

Por Federico Ernesto Martínez

Casino (1995) puede considerarse uno más de los varios dramas criminales de Martin Scorsese, que no goza de la popularidad de Taxi Driver  o Goodfelas, sin duda películas elementales del cine negro de los 80’/90’, pero a las que nada puede envidiarle estas casi tres horas de gansterismo dramático. Scorsese volvió a la escena del cine gánster con El Irlandés (2019) y nos hizo rememorar aquellas viejas películas con la formidable dupla de Robert De Niro y Joe Pesci. Muchos han interpretado a estos tipos rudos pero desmejorados en El Irlandés como un símbolo de la carrera de Scorsese y el fin del cine gánster, pero una mirada hacia atrás, hacia Casino, nos permite saber que el director ya ha tratado a estos personajes desde una óptica de la época dorada “oxidada”.

Precisamente, Casino está ambientada en la década  de los 70 y nos ilustra acerca de la vida de Sam Rothstein (interpretado por Robert De Niro), un ex apostador profesional que trabaja para la mafia gestionando el casino Tangiers en las Vegas, y Nicky Santoro (Joe Pesci), socio y amigo de Sam, que es enviado por la mafia a las Vegas con el fin de manejar ganancias ilegales. Este último tiene un temperamento violento y protagoniza varios de los asesinatos de la película; pronto acaba en el “Libro Negro” y queda vedado de todos los casinos de las Vegas, pero encuentra la manera de subsistir a partir de formar una banda y llevar a cabo robos y otros crímenes en paralelo con su deber en la mafia. Sam es una persona menos impulsiva y goza de un relativo éxito manejando el Tangiers, se casa con Ginger Mckenna (Sharon Stone), una ex prostituta y tiene una hija.  Pero la relación de estos comienza a deteriorarse, Ginger es una adicta y se debe más a Lester Diamond (su ex proxeneta) que al mismo Sam, al que en reiteradas ocasiones engaña y estafa en beneficio de Lester. Las cosas comienzan a ir mal cuando Sam debe hacerle frente a problemas judiciales relacionados con su licencia para manejar el casino y decide responder a las críticas públicamente a través de un programa de televisión. Esta exposición incomoda a los jefes de la mafia y pone en tensión sus relaciones con la autoridad en las Vegas. Sam se justifica culpando a Nicky, siempre perseguido por el FBI, y por el cual los relacionan con asuntos turbios. A partir de grabaciones incriminadoras, el FBI tiene pruebas para desmoronar el negocio de los capos, quienes son llevados a juicio en bastón y silla de ruedas.  Rápidamente programan el asesinato de todos los involucrados en los negocios ilegales para imposibilitar futuros testimonios,  entre ellos el de Nicky y su hermano. Ginger muere de sobredosis en un hotel de Los Ángeles y Sam se salva de una bomba introducida en el auto. Los viejos casinos son comprados por nuevas corporaciones y Sam vuelve a su antiguo oficio de apostador deportivo.

Casino es un film excelente.  Basándose en una historia real, la contada por Nicholas Pileggi acerca de Frank Rosenthal y Anthony Spilotro, ambos mafiosos de la década de los 70 asociados a la mafia de Chicago, nos da una idea muy aproximada de cómo eran aquellas épocas de crimen organizado. La película es tragedia y también redención. Los que a hierro matan a hierro mueren, los nuevos remplazan a los viejos, la ambición, la codicia, en fin, todo lo que caracteriza a una película de mafiosos y que podemos ver en otros gigantes del cine como El Padrino o Scarface. Hay mucha narración, el tipo de narración característica de las películas de Scorsese con una trama fuerte y una porción histórica que debe ser rescatada en alguna medida.

En Casino podemos ver cómo personajes complejos se transforman en un compendio de relaciones poco idealizadas, insultos y situaciones de extremo dramatismo, cuando no de una violencia brutal. La narración, con las voces de los personajes en off, permite comprender la historia desde distintas perspectivas  e introducir detalles inmejorables como el que tiene lugar llegando al final de la cinta, cuando Nicky está contando lo que sucede en presente sin saber que está a punto de ser golpeado por su propio socio Frankie, punto en el que se termina la narración, dando lugar a la escena más violenta de la película en la que lo asesinan junto a su hermano menor. Los diálogos alcanzan en ocasiones un grado de tensión muy alto, por ejemplo, en la discusión que Sam y Nicky tienen en el desierto. La banda sonora llega a su punto cúlmine con House of the Rising Sun en las escenas finales, acompañando una serie de asesinatos que no dejan cabos sueltos.

Se trata de una película que no goza de demasiado prestigio dentro del cine pero es un claro antecedente de películas como El Irlandés, y es representación del esplendor que este tipo de cine tuvo en su momento. Scorsese es sin duda uno de los máximos directores vivos y quien nos ha regalado algunas de estas joyas. Las escenas eróticas y de violencia explícita y un lenguaje siempre subido de tono la hace no digerible para una cena en familia con niños pequeños, pero en cualquier otro contexto el film ofrece una excelente experiencia audiovisual.

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